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Entrevista del Mes 09




 • En charla con el Ingeniero Carlos Fernández
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Questo quelotro... Salud
Sábados 10 am por Neurotica 102.1 fm

Problemas bucales más frecuentes

La caries, la placa bacteriana, el sarro, la enfermedad periodontal, el mal aliento o la caries del biberón son alteraciones bucales frecuentes. Aquí podrás conocer en qué consisten y cómo combatirlas para que tu sonrisa hable de tu salud.

La caries

La caries es una de las enfermedades infecciosas más frecuentes. Su incidencia está aumentando, sobre todo en los países occidentales, por una mayor ingesta de alimentos procesados que contienen azúcares refinados.

La caries es una enfermedad infecciosa que afecta a los tejidos de los dientes. Las bacterias de la placa bacteriana, que se depositan sobre los dientes, se nutren de los hidratos de carbono que quedan en nuestra boca tras la ingesta de comida, y producen ácidos que rompen el esmalte dentario.
La saliva neutraliza en mayor o menor medida estos ácidos pero su acción no es efectiva hasta pasados al menos 20 minutos.
Puede que el proceso se detenga aquí dando lo que se llama una caries retenida, pero lo habitual es que progrese y llegue hasta la dentina. Aquí la progresión es mucho más rápida que en el esmalte, ya que la dentina es menos resistente que éste. En este momento el diente puede doler o no doler.
Si sigue avanzando, llega hasta la pulpa (alojada en la cámara pulpar) donde se encuentra el nervio del diente. La afectación de este nervio provoca dolor y más tarde acaba con él. A partir de aquí ya no se siente dolor pero se produce acúmulo de pus que no tiene más vía de salida que la punta de la raíz.

El pus así acumulado produce un flemón. A veces el organismo reacciona ante el agente extraño que es el pus y crea alrededor una especie de cápsula que lo aísla produciéndose entonces lo que llamamos un abceso.

Para evitar la caries es necesario seguir una correcta higiene dental. Es aconsejable realizar una visita a nuestro dentista cada 6-12 meses para detectar la posible aparición de caries. Cuando las caries son incipientes, son más fáciles de tratar y el coste del tratamiento es menor.





La placa bacteriana

La placa bacteriana es una película blanquecina que se deposita sobre los dientes y tejidos bucales, en la que viven bacterias responsables de la caries y de las enfermedades que afectan a las encías.

La placa bacteriana es una película pegajosa e incolora que se forma y deposita constantemente sobre todas las superficies de la boca (dientes, encías, aparatos de ortodoncia, prótesis...)
La placa bacteriana es la principal causante de la
caries y de la enfermedad periodontal, siendo ambas las principales causantes de la pérdida dentaria.
Su mineralización da lugar a lo que conocemos como
sarro, una capa dura sobre nuestros dientes que además de antiestética puede llevarnos a la pérdida de los dientes.

Prevenir tanto la caries como la enfermedad periodontal es algo que depende de nosotros y es tan sencillo como realizar una limpieza cuidadosa (Ver Higiene dental) encaminada a eliminar la placa bacteriana.

La placa bacteriana es incolora y no se observa a simple vista, salvo que este calcificada formando el antiestético sarro.
Para poder valorar la presencia de placa bacteriana debemos hacerla visible de algún modo. Para ello se usan los llamados reveladores de placa bacteriana que contienen sustancias que tiñen la placa de color de manera que se hace visible.
Las sustancias más usadas son la eritrosina, la fucsina y el verde malaquita. Estos reveladores se presentan en forma de gotas o tabletas.
Algunos tiñen toda placa bacteriana por igual y otros tiñen de azul la placa antigua y de rosa la reciente.
La forma más comúnmente usada es la eritrosina viene en forma de pequeñas tabletas masticables de color rosa.

El paciente debe introducir una tableta en la boca y moverla con la lengua por todos los dientes, masticarla y sin tragar nada, escupirla al cabo de un minuto. Las mucosas y las zonas donde se deposita placa bacteriana se habrán teñido de color rosa fuerte.

A continuación de la aplicación del revelador de placa, el odontologo podrá valorar el estado de limpieza de nuestros dientes. Para ello contará las caras de los dientes que se han teñido y según la cantidad de piezas dentarias que estén presentes en la boca, calculará un índice (Índice de O?Leary) que si sale por encima del 10% indicará un fallo en la higiene oral.
A continuación el odontólogo nos dará un espejo de modo que podamos observarlos lugares donde se acumula la placa bacteriana. Esto nos sirve para ver las zonas en las que hemos de insistir más con el cepillado dental con lo que nos facilita la higiene oral.

En sucesivas visitas el odontólogo volverá a aplicar el revelador y verá si hay superficies donde sigue existiendo placa y de esta manera podrá evaluar si estamos realizando una higiene correcta. En caso contrario podrá darnos las instrucciones especificas para que nuestra limpieza dental sea verdaderamente efectiva.





El sarro
El depósito de sales en la placa bacteriana da lugar al sarro que es una capa ásperatiestética que puede ocasionar pérdidas dentarias. Se puede prevenir con una higiene adecuada, pero una vez formado no desaparece con el simple cepillado.

El sarro aparece por el depósito de sales minerales de la saliva sobre la placa bacteriana, lo que provoca su endurecimiento.
Está formado por la materia orgánica de la placa bacteriana y por fosfatos y carbonatos que proceden de la saliva.
Se adhiere fuertemente a los dientes, encías y cualquier elemento de tratamiento dental como coronas, prótesis o aparatos de ortodoncia.
Se observa así, como una sustancia dura, arenosa y de un color que va del blanquecino al ocre dependiendo de si está teñida por el café y el tabaco.

Su depósito entre los dientes y las encías va despegando la raiz dentaria de su inserción, pudiendo ocasionar la caída de los dientes.

El sarro no puede eliminarse con el cepillado, ya que se adhiere sobre la superficie de los dientes. Pero no sólo sobre la superficie visible, sino que penetra entre el diente y la encía favoreciendo la aparición de la enfermedad periodontal.

Para eliminarlo es necesario que el odontólogo o el higienista dental realicen una limpieza especial. Ésta se realiza con un aparato que produce ultrasonidos y que deshace los depósitos de sarro.





Enfermedades Periodontales

Los dientes y las estructuras que los rodean son más susceptibles de lo que pensamos a padecer infecciones. Con una adecuada higiene podremos estar más protegidos de las bacterias que atacan a nuestros dientes y encías.

El periodonto está formado por los tejidos que rodean y protegen a los dientes. Estos tejidos son la encía, el hueso que rodea al diente (llamado hueso alveolar), el ligamento periodontal y el cemento radicular.
Una encía sana es de color rosado, tiene consistencia elástica y aspecto de piel de naranja. En un diente sano la encía llegará hasta abrazar el cuello del diente, que es la unión entre la corona y la raíz.

El hueso en condiciones normales llega hasta 1-1,5 mm debajo de la inserción de la encía.

Las enfermedades periodontales son infecciones del periodonto producidas por bacterias. En un primer momento se produce una inflamación o gingivitis. Si ésta evoluciona, se produce la pérdida de tejidos que hace que el diente pierda su soporte y se caiga. Es lo que se conoce como periodontitis.

La gingivitis

Es una inflamación de las encías que viene causada por la existencia de bacterias que, a su vez, producen una infección.

La encía está inflamada, enrojecida y sangra con facilidad espontáneamente o al menor roce. Aunque a veces los cambios de color y de apariencia no son muy evidentes, el odontólogo los detectará mediante el sondaje dental.
No cura espontáneamente, por lo que debe tratarse eliminando las bacterias. Entonces los síntomas desaparecen y no quedan secuelas.

Si no se trata, esta alteración puede mantenerse como tal días, meses o años sin cambios. Sin embargo, en muchas personas la gingivitis puede evolucionar produciendo una periodontitis.

La periodontitis

Es lo que antiguamente se conocía como piorrea. Para que se produzca una periodontitis es necesario que previamente haya una gingivitis.

Las bacterias que afectan a la encía, van introduciéndose bajo ésta y la gingivitis se transforma en una periodontitis.
La periodontitis produce una destrucción irreversible de tejidos, que se inicia con una retracción de la encía, con la destrucción del ligamento periodontal, y finalmente también del hueso alveolar, que hacen que el diente pierda su soporte y acabe cayendo.

El odontólogo en la clínica podrá observar la infección, que forma una bolsa conocida como bolsa periodontal.

Prevención

Actualmente se sabe que existe una predisposición genética a padecer la enfermedad. Sin embargo, hay factores que favorecen su aparición y su empeoramiento como la mala higiene, el sarro, el tabaco, el estrés y los traumatismos en uno o verios dientes por exceso de fuerza sobre ellos durante la masticación.
Para frenar su progresión el odontólogo nos dará instrucciones para una correcta
higiene dental, y realizará un raspado subgingival o incluso cirugía periodontal.
Además será necesario eliminar los factores que favorecen la aparición de la enfermedad, evitando fumar, controlando el estrés y revisando las piezas dentarias estuviesen mal posicionadas y que pudiesen estar recibiendo más fuerza de la adecuada.
Estudios recientes han incidido sobre el papel preventivo del
calcio en la progresión de la enfermedad periodontal. Un aporte insuficiente de calcio no sólo se relaciona con la aparición de osteoporosis, sino con la pérdida de hueso a nivel de la mandíbula, especialmente del hueso alveolar, y con la pérdida de sujeción de los dientes.
Un aporte adecuado de calcio es decisivo en relación a la salud dental, de modo que numerosos estudios han encontrado mejoras en los procesos inflamatorios y de movilidad de los dientes de pacientes que padecían gingivitis después de aumentar la ingesta de calcio.

Así, el aumento del aporte de calcio en personas que sufren enfermedad periodontal, no sólo ayuda en la lucha contra la osteoporosis, sino que mejora este tipo de patologías.

Halitosis o mal aliento

El mal aliento es un problema que afecta a millones de personas. La detección de su causa y su tratamiento mejoran la vida social y la autoestima de los afectados.

Se denomina halitosis al mal olor en el aliento.
Sus causas son variadas y constituye un problema de autoestima para quien lo padece ya que nota que los demás lo evitan.
El mal aliento es un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo.
Puede ser momentáneo o bien crónico. En el 90% de los casos crónicos de halitosis, ésta es el indicador de una alteración bucal, que siempre necesitará una adecuada higiene bucal y en algunos casos necesitará un tratamiento más complejo.

Las personas que lo padecen no notan el mal olor, pero son objeto de rechazo social. Esta consecuencia es suficiente para averiguar su causa y realizar en tratamiento oportuno.

Los causantes del mal olor son unos compuestos de azufre en el aire expulsado.
Estos compuestos se producen al actuar una serie de bacterias (bacterias gram-negativas anaerobias) sobre algunos aminoácidos que contienen sulfuro.
Este problema puede ser transitorio y deberse a situaciones puntuales como consumo de ajo o cebolla, café, te, tabaco, etc.
También puede deberse a la menor salivación durante el sueño.
Otras veces esta halitosis es un problema más duradero y su origen puede ser patológico.
Este origen puede estar en la boca: son los casos de halitosis debida a caries dentales, gingivitis, periodontitis, falta de salivación durante el sueño, falta de higiene bucal, empaquetamiento de alimentos, alteraciones que obliguen a respirar por la boca, y diversas enfermedades como el síndrome de Sjögren, estomatitis, carcinoma oral, etc.
Pero también pueden tener un origen extraoral, es decir, ajeno a la cavidad bucal.
. Este es el caso de enfermedades como la depresión, psicosis, alteraciones gastrointestinales, respiratorias, diabetes, insuficiencia hepática, fiebre, etc.

. Otras veces puede deberse a tratamientos farmacológicos con penicilina, sales de litio, griseofulvina, etc.

Para tratar la halitosis, lo primero es averiguar la causa que la produce.
. Si la causa es una higiene deficiente será necesario realizar un programa adecuado de higiene dental con regularidad, realizando un adecuado
cepillado dental y usando la seda dental.
Será necesario hacer hincapié en la higiene lingual realizando una limpieza de la lengua sobre todo del tercio posterior. Ésta se realiza con el cepillo dental y/o con un instrumento diseñado para ello.
Se pueden usar colutorios pero teniendo la precaución de que no contengan alcohol ya que a corto plazo provocan sequedad bucal y a largo plazo pueden provocar una alteración que se conoce como "lengua pilosa".
Los colutorios con gluconato controlan los microorganismos bucales pero pueden provocar tinciones dentarias.
Existen sustancias que neutralizan el mal olor como el dióxido de cloro que es un oxigenante que actualmente se puede encontrar en algunos dentífricos y colutorios y el peróxido de hidrógeno.
. Si la causa son trastornos bucales como
caries, úlceras, flemones, fístulas, enfermedades periodontales, etc., será necesario un tratamiento de estas alteraciones.
Si la causa es una enfermedad, la halitosis no desaparecerá hasta la curación de dicha enfermedad.

. Como recomendaciones generales se aconsejadisminuir el consumo de tabaco y de alcohol. También se aconseja disminuir o evitar el consumo de alimentos como ajo, cebolla, etc.

Fuente:  http://www.pulevasalud.com/subcategoria.jhtml?ID_CATEGORIA=101703&ABRIR_SECCION=747&ALEATORIO=PMYXLCHKKVDRDRFFGSDR

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